Bobby Valentín
Impulsor del género salsero.

 

 

Su talento y creatividad abonaron a la consolidación de un movimiento rítmico que marcó huellas en el cancionero caribeño, siendo responsable, en parte, del desarrollo y auge del sonido de la salsa desde sus inicios, a mediados de los años 60, como parte del proyecto Fania.
Es Roberto “Bobby” Valentín Fred, un nombre que evoca los años de gloria del género salsero.  Músico prolífico, compositor arreglista y productor cuya participación en el ambiente artístico contribuyó a la consolidación de nuevos avenidas que sirvieron para que los puertorriqueños de Nueva York, y otros latinoamericanos, emprendieran un nuevo rumbo en el quehacer cultural.
Natural del barrio Cacao de Orocovis, donde nació el 9 de Junio de 1941, el afamado bajista es hoy una de las figuras centrales de la salsa y quien desde su propia orquesta logró timbrar un sello de identidad rítmica que ha sido garantía para la persistencia de su propuesta musical

El bolero fue su primera escuela.

Bobby Valentín aprendió a tocar guitarra a la edad de seis años inducido por su padre, Albertano Valentín, un aficionado intérprete del cuatro quien solía tocar y cantar en las actividades de su barrio, en especial durante las celebraciones de las tradicionales promesas religiosas.  De él, confiesa, “heredé la vena musical”.
Cuando apenas había cumplido siete años de edad, queda huérfano de madre y se muda a vivir con su hermana mayor, Aida, al pueblo de Coamo, primero en el sector La Playita y, luego, en el residencial “Manuel J. Rivera”.
De niño, su primera escuela musical la derivó de su encanto por la sonoridad de las canciones románticas interpretadas en las voces de Los Tres Ases, Los Tres Diamantes, El Trío San Juan y el Trío Vegabajeño.
Sus pinitos en la música fueron como guitarrista de agrupaciones infantiles de tríos, en las que participó como requintista y realizando las armonías de la tercera y cuarta voz.
En 1954, con sólo 13 años de edad, pasó a integrar el Trío de Coamo, compartiendo escena con Arturo Norat, Ismael Ortiz y Ramón Morales.  Ésta fue su primera experiencia formal en la música y la que le permitió viajar a San Juan, por primera vez, a participar del famoso concurso televisivo de Rafael Quiñones Vidal, en el que obtuvo el primer lugar.
Hasta ese momento, en cambio, Bobby Valentín no había recibido ninguna educación formal en la música, hasta que el ojo avizor de “Mister Suárez” (un maestro coameño que identificó en el niño sus destellos y virtudes para con la música) lo instó a que ingresara a la escuela elemental “José Ignacio Quintón”, donde recibió sus primeras enseñanzas técnicas en armonía y solfeo.
“Cuando llegué a la escuela lo primero que pusieron en mis manos fue un saxofón alto.  Lo estudié por seis meses y no me gustó, y cambié a la trompeta, me fui desarrollando y hasta hicimos grupos de música entre amigos.  En el ínterin, seguí estudiando la guitarra”, confiesa el veterano músico.
Poco después, a los 14 años de edad, pasó a formar parte de la Sonora Coameña, una agrupación de música popular que dirigía Félix Vega, a la vez que participaba del trío Los Panchitos, en Orocovis.
Cuando cumplió sus 15 años de edad armó su propia agrupación musical en Coamo junto a Enrique Alvarado, experiencia que o logró madurar porque el joven artista emigró a la ciudad de Nueva York, donde fue a vivir con su hermano.

Nueva York y el encuentro con los grandes.

Bobby Valentín tenía apenas 16 años de edad cuando arribó a la “Gran Manzana”, asistido por un deseo inmenso de continuar cultivando la experiencia musical que ya había gestado con sus parroquianos coameños.
No pasó mucho tiempo cuando el joven ya había comenzado a relacionarse con los músicos de la época, como Luis Ramirez y Joe Quijano, y hasta llegó a firmar su afiliación con la Federación de Músicos de Nueva York, el pasaporte que le permitió asomarse entre los grandes escenarios.
Sus primeros pasos musicales en el ambiente neoyorquino fueron como trompetista en el grupo de Chú Hernandez y Los Satélites, seguido por la orquesta de Israel Ortiz y la banda de Carlos Rivera.
Además, tuvo la oportunidad de tocar con Alfredito Valdés en los espectáculos musicales “Los veranos de la montaña”, que solían realizarse en los resorts que ubicaban al norte de la ciudad.

Sin embargo, su tránsito al mundo profesional lo adquiere con el grupo de Joe Quijano, con quien graba su primer disco “La pachanga se baila así”, en 1962, compartiendo escena con Willie Torres y Paquito Guzmán.
Aunque su tránsito con la orquesta charanguera de Quijano fue breve, su estadía le permitió destellar como una de las promesas más significativas en la música latina, reafirmando su talento con su participación en la banda de Willie Rosario, con quien trabajó cuatro grabaciones:  “El bravo soy yo”, “El fabuloso y fantástico”, “Latin Jazz Go Go Go”, y “Boogaloo y Guaguancó”.

En esa época, Bobby Valentín también colaboró con la orquesta de Tito Rodríguez, Charlie Palmieri (justo cuando el veterano pianista cambió el sonido de su charanga a conjunto) y Ray Barretto, cuando éste hizo su charanga, en 1964.
Excepto junto al maestro Barretto, todas sus participaciones musicales fueron en calidad de trompetista y trombonista, en el caso de la banda de Tito Rodríguez, con el “hombre de las manos duras”, Valentín se probó como bajista por primera vez, incidentalmente.
De todas estas participaciones quedaron registradas las producciones “Tito Rodríguez y su orquesta en Puerto Azul, Venezuela” (1963) y “Tengo máquina y voy a 60” (con Charlie Palmieri, en 1965).

Sabio constructor de su identidad sonora.

Tras probar su virtuosismo como músico en varias de las mejores bandas de los años 60, el trompetita Bobby Valentín optó por formar su propia agrupación en 1966, creándose un espacio propio en el pentagrama rítmico.
Su primera agrupación inició su recorrido musical con la producción “El Mensajero” (1966), trabajada para el sello Fonseca Records, que incluyó diez temas compuestos y arreglados por Valentín e interpretados por Marcelino “Buba” Morales. En esta banda también participaron Joey Pastrana (timbales), Rudi Martín (piano), Willie Pastrana (conga), Humberto del Valle (bajo), Joe Orange (trombón) y Tony Fuentes (bongó).
A partir de entonces, el músico coameño comenzó a hilvanar su propuesta musical con un sonido distintivo que en poco tiempo trazó la rúbrica que lo ha distinguido hasta el presente, aun cuando su orquesta ha modificado sus patrones armónicos.
Desde entonces, en su proyecto ha dominado la utilización de frases de jazz inmersas en sus armonías, en una fusión con la música afroantillana, en especial con el son montuno, en un proyecto híbrido que sin perder su esencia, ofrece nuevas sonoridades.
“Yo no soy 100 por ciento típico, me gusta mezclar un poco de todo y si escuchas la mayoría de mis producciones ves que no se pierde la esencia de la base, ya sea son montuno, cha cha chá o bolero.  Siempre trabajo en una combinación de frases y en esas transiciones he tenido muchos cambios rítmicos, incrementando la cantidad de instrumento y buscándole otras formas”, narra el avezado músico y arreglista.
Añade ser un apasionado del sonido de Big Band porque le permite sacarle el máximo a los instrumentos.
“Siempre ha mantenido un estilo de arreglar que me identifica, con el bajo al frente, combinando con el barítono y frases de trompeta puestas al bajo.  Eso me ha dado un identidad”, acota.

Fania.

La amistad que Bobby Valentín había creado con el músico Johnny Pacheco, para quien trabajó varios arreglos musicales que interpretó en su orquesta con los cantantes Monguito Quián (“El Único”) y Chivirico Dávila, le abrió las puertas para entrar al recién creado sello discográfico Fania, para el que grabó su segundo trabajo con su orquesta, “Young Man with a Horn” (1966). A ese  álbum le siguió “Bad Breath” (1967), “Let,s Turn Un –Arrebatarnos” (1968) y “Se la comió” (1969).
Ya consagrado como un músico de renombre, Bobby Valentín visitó Puerto Rico en tres ocasiones para realizar presentaciones con su orquesta.  En el último de esos viajes, en agosto de 1969, el músico optó por no regresar a Nueva York y radicarse en la Isla, convencido de que podía desarrollar su propuesta musical, valiéndose de que ya contaba con un nombre firme en los escenarios artísticos y un apoyo popular.
“Algo me decía que Puerto Rico era el lugar para mí.  Tenía ese presentimiento, ese pensamiento y me gustó la aceptación que había tenido el grupo en las tres ocasisones que visité el país y varios músicos se quedaron conmigo y otros se fueron, entre ellos Buba Morales (el cantante).”

Arrasó como un huracán.

El que su vocalista decidiera regresar a Nueva York no retrasó el proyecto de la banda de Valentín, aunque prolongó el arranque de su agenda de trabajo en Puerto Rico hasta tanto localizara un intérprete que fuera acorde con la propuesta que venía desarrollando.
La alternativa para impulsar esa nueva fase de su orquesta, en cambio, fue Frankie Hernández, a quien Bobby Valentín conoció en una de sus visitas al país, cuando éste era cantante de la Orquesta Internacional.  Para entonces, la banda también incorporó el talento de Roberto Angleró.
“A mi me gusta estar atento a los cantantes, me llaman la atención y los observo, y así es que he conocido a casi todos mis vocalistas”, manifiesta.
Con Frankie Hernández al mando de las interpretaciones,el músico lanza al mercado el álbum “Something New” (1970), que incluyó los éxitos “Huracán de pasión”, “Total para nada”, “El Mensajero” y “Pan de negro”.
Esta unión se quiebra en 1971, una vez que el melodioso vocalista se vio precisado a abandonar la orquesta para iniciar un tratamiento como consecuencia de su problema de adicción.  En ese momento arribó a la agrupación el joven sonero oriundo del residencial “Nemesio Canales” de Hato Rey, Marvin Santiago.
Con la salida de Frankie Hernández, Bobby Valentín tuvo que rediseñar las formas rítmicas de su orquesta para que se ajustaran al carácter de rumbero y sonero de pueblo que representaba la voz de Marvin Santiago.
“Como parte de mi trabajo musical he buscado las canciones y las melodías que sean afines a los cantantes, sin perder la esencia de la base rítmica salsera, pero con estilos diferentes.  Eso fue lo que hice cuando llegó Frankie y, luego, con Marvin”, explica.

Sonido magistral para grandes soneros.

Bajo la sombra del maestro Bobby Valentín se han curtido un puñado de los mejores salseros del país, destacándose la participación de los soneros Marvin Santiago y Cano Estremera.
El primero llegó a la orquesta para la grabación de “Rompecabezas” (1971), abriéndose terreno con “Papel de payaso”, escrito por Tite Curet Alonso.
Los temas interpretados por Marvin, bautizado como “El sonero del pueblo” por su picardía y su arte de versar, “fueron éxito tras éxito” y acercaron la banda al  espíritu rumbero y de sonero callejero que la caracterizó en sus años de fundación.
Sus aciertos continuaron con “Soy boricua”, “Pirata de la mar” y “Alacrán”, entre otras melodías que aparecen en los discos “Rey del bajo”, “In Motion”, “Bobby Valentín va a la cárcel, Vol I y II” y “Afuera”.

“Es necesario más de un cantante”

Bobby Valentín aprendió que era necesario reforzar su agrupación con másde un cantante, de manera que una dimisión noafectara su agenda de trabajo, como le había sucedido en el pasado.
“Cuando hicimos el disco de la cárcel (el primero para Bronco Records) empecé a tener la visión de que no me podía recostar de una sola persona (vocalista), porque si se iba, tomaba tiempo en lo que la orquesta engranaba nuevamente”.

Así decidió probar talentos para fortalecer su grupo, incorporando a Johnny Vázquez en 1976, en sustitución de Frankie Hernández, quien abandonó la orquesta por segunda ocasión.
El primer disco de Johnny Vázquez fue junto a Marvin Santiago en el álbum “Afuera”, en el que aparece “El jibaro y la naturaleza” y “La cosquilla”, entre otros.
Ésa fue la última participación del Sonero del Pueblo con la orquesta, quien fue sustituido por Sammy González, reemplazado seis meses más tarde por Luigi Texidor.
Con Luigi la banda volvió a resaltar el canto de la vieja escuela salsera de los años 60.  Esta unión duró poco tiempo y sólo produjo el disco “Musical Seduction”, con el tema “Nací Moreno”.

La era del Cano.

En 1977 llegó a la banda de Bobby Valentín un joven cantante de Barrio Obrero, con buen domino del verso popular y ágil en la improvisación, que hasta entones se había curtido como integrante del Quinto Olivo y la Orquesta Mulenze.
Su nombre, Carlos Enrique Estremera Colón (“Cano Estremera”), interprete de varios de los éxitos más recordados de la orquesta, como “La boda de ella”, “El Caimán” y “Manuel García”, entre otros.
Aún cuando el tránsito del Cano en la agrupación fue fructífero (al punto de que el cantante se convirtió en uno de los principales proyectos de producción de Bronco Records), éste abandonó la orquesta para lanzar su carrera en solitario. Se incorpora la figura de Rafú Warner.

El arte de Luisito Carrión.

Una vez más Bobby Valentín acertó en incorporar a su equipo a Lusito Carrión, quien aportó la frescura de una nueva expresión musical, con espléndido sentido melódico y muy a tono con el gusto del bailador.
Sus primeros éxitos fueron “Ramo de Flores”, “Agua” y  “Señor de las señoras”, recogidos en el disco “Algo excepcional”.  Luego llegó el tiempo de “Gigoló”, a tono con el estilo que imponía el mercado basado en la expresión de la salsa erótica.
De ahí, la orquesta de Bobby hizo “Más amor” y “Como nunca”, en los que además de Johnny Vázquez, participaron Giovanni Lugo y Tato Peña, respectivamente.

¿Cuándo y por qué llega el bajo a la vida de Bobby Valentín?

 “Durante una participación en el hotel La Concha, un sábado del año 1970, el bajista, Ralp Cabrera, no llegó y le pedí a Juancito Torres que me sustituyera en la trompeta para yo tocar el bajo.  Esa noche el grupo se oyó tan bien, lo escuché desde otra perspectiva y me gustó.  De ahí para acá seguí de lleno en el bajo.  Antes toqué bajo con Ray Barretto y se me hizo fácil porque tocaba guitarra”.

 

Hiram Guadalupe Pérez (Historia de la Salsa)