KAKO BASTAR, la clave del pueblo.
Por Gilberto A. Cárdenas.

 

Muchos hemos escuchado aquella canción que dice "Es tarde, ya me voy, mi negrita me espera, ¡hasta mañana!..." y claro, sabemos que su intérprete es Ismael Rivera, pero no muchos conocen quién es el responsable del ‘trabuco’ que le imprimió el sabor y ritmo pegajoso a este clásico de la música latina.

Se trata de Francisco Ángel Bastar, el mismo ‘negro chévere’ y de cabello inquieto que salió a muy temprana edad en brazos de su mamá de su natal Puerto Rico para New York, y que allá, en medio del baile y los ruidos producidos en la Calle 110 y en la Avenida Madison con las latas y tambores, posteriormente se dio a conocer en el mundo artístico como Kako.

Bien sabios son los viejos cuando dicen que ‘eso viene de sangre’, refiriéndose a alguna particularidad que hereda una persona de algún miembro de la familia; y aunque aquí no sabemos si la familia Bastar hizo mención de este dicho popular, lo cierto es que ya por las venas de Kako y su hermana Ana, corría la sangre artística heredada desde bien jóvenes de su señora madre Eugenia Ramos, quien para aquel entonces era bailarina y tocaba percusión en la isla del encanto.

Como muchos boricuas en busca de un mejor futuro, su destino termina siendo la gran manzana, y por suerte o no para Kako, doña Eugenia Ramos, quien se divorció de su esposo, arrancó con sus hijos para New York; siendo esta ciudad donde precisamente Kako empezó a despuntar musicalmente y a pasos agigantados, compartiendo con los bravos de la música de aquel entonces, Frank Grillo ‘Machito’, Arsenio Rodríguez, Tito Puente, entre otros.

“Según me cuentan, mi abuelo llegó de sorpresa a New York y dijo ‘yo quiero averiguar dónde y cómo están mis hijos’. Llegó al barrio Manhattan y fue a una actividad donde estaba actuando Arsenio Rodríguez el maestro cubano del tres".
"Entonces mi abuelo, quien estaba compartiendo con unos amigos durante el show. estaba mirando al timbalero y dice: ‘¡Diablos!, ese timbalero me parece conocido, es más, se parece al hijo mío, pero no puede ser el hijo mío porque se supone que él no esté aquí por su edad, y que yo sepa, él no estaba tocando con Arsenio’; y cuando terminó la presentación mi abuelo fue backstage y se encuentra con su hijo y le pregunta: ¿qué tú haces aquí?"
‘Ya tú sabes que me gusta esto, que yo siempre he querido tocar y yo tengo un poquito de talento y estoy en lo que me gusta’; le respondió Kako. Así fue como empezó. A los 20 años ya estaba tocando con Arsenio Rodríguez, Mongo Santamaría, Mario Hernández y otros más”, comenta Richard ‘Richie’ Bastar, hijo de Kako, percusionista heredero del talento de su padre y quien actualmente se desempeña como bongosero de El Gran Combo de Puerto Rico.

Sobre Francisco Bastar pueden decirse muchas cosas, tal y como lo dijo Rafael Ithier, director de El Gran Combo, cuando se le preguntó por él; añadió que fue uno de los mejores percusionistas de la música latina, gran director de orquesta y ni qué decir de él como persona; hoy día son muchos los músicos y percusionistas que le deben especial agradecimiento a éste pilar de la percusión que dejó plasmado en los acetatos y en la memoria de quienes pudieron conocerlo, miles de lecciones para que los viejos y actuales intérpretes de la música latina tomen sus bases y sigan los caminos del buen músico.

“El aporte de Kako a la música latina fue muy importante porque Kako estaba antes de empezar esto que llamamos salsa, sus rudimentos, sus bases estaban en la música autóctona puertorriqueña, en particular la bomba, que es donde se manifiesta mucho el tambor, así que Kako ayudó a dispersar y a llevar más allá de las fronteras nuestra música”, relata José ‘Cheo’ Feliciano, amigo de Kako, quien al igual que él llegó a New York muy jovencito teniendo la oportunidad de conocer a los grandes maestros de la época, a los Tito Puente, Mongo Santamaría, Patato Valdez, Tito Rodríguez y otros que fueron la base de todo ese fenómeno mundial que hoy día se conoce como salsa.

Hacer mención de la obra musical de Kako tomaría más que varias páginas, mil horas de investigación para escudriñar en los acetatos, para entrevistar a sus conocidos y demás personas que compartieron en vida con él; pero otro aspecto para resaltar de este músico puertorriqueño fue la gran responsabilidad que tuvo al ser forjador de un amplio número de músicos de posterior reconocimiento.

Por la orquesta de él pasaron muchos músicos como David Cortijito (conguero); Rafael Labasta, trompetista de Panamá; Víctor Paz, primer trompeta de Tito Rodríguez; Ray Maldonado, trompetista hermano de Richie Ray; Gilberto Colón Jr. 'El pulpo' y algunos cantantes como Chivirico Dávila, Miguel ‘Meñique’ Barcasnegras, Camilo Azuquita, Héctor Lavoe y el mismo Cheo Feliciano, quien coincide con Richie Bastar al hacer mención de algunos de los músicos que pertenecieron a la orquesta de Kako.

Adicionalmente a su propia orquesta, Kako fue pieza fundamental en uno de los otros fenómenos musicales de la época dorada de la música popular latina, la Alegre All Stars; conformó el binomio dorado con Carlos Santos y por supuesto, se debe hacer mención del ‘batazo musical’ que resultó del junte entre Ismael Rivera y Kako, cuando el mundo conoció canciones como La cumbita, El cumbanchero, Mi negrita me espera, El lleva y trae y El truquito entre otras más.

Músico del pueblo y de la calle, lugar donde se aprenden las mejores lecciones para la música, son muchas las personas que definen a Kako como un gran intérprete de la percusión, entre ellos su propio hijo: “Hoy en día está de moda quién es el más rápido, pero a él eso no le importaba, él me decía que había que hablar con el instrumento y eso era lo que hacía, y como bailarín que fue, cuando hacía un solo de timbal lo hacía pensando en el bailador”.

De igual modo piensa Edgard Nevárez, trompetista y director musical de la orquesta de Tommy Olivencia, quien al respecto dice: “Lo de Kako era el afinque y sus solos los hacía conversando. Él era muy pana de Olivencia y a veces se subía a hacer solos de timbal con la orquesta de Tommy, y cuando los ejecutaba los hacía conversando, es decir, sus solos eran más pausados, con otro swing y otro sentido, eso se llama conversar musicalmente hablando”.

“Yo llegué al barrio latino en New York con mis inquietudes hacia la percusión, me gustaba mucho y parece que Dios me puso a Kako en el camino, porque lo conocí  con una tumbadora en la mano, así que desde ese momento lo que sé de percusión lo aprendí de Kako”, agrega Cheo Feliciano.
Ese era Kako, el negro chévere buena gente, mano derecha e incondicional de los músicos en New York, inspirador de historias y percusionista de los bravos, del pueblo y para el pueblo, quien como todo hombre bueno, nunca le temió a la oscuridad; se fue sin ser muy tarde y dejó desvelados, además de su negrita, al resto de su familia, al pueblo y a muchos músicos, en especial a los percusionistas que día a día, e incluso después de su muerte el 29 de julio de 1994, siguen aprendiendo de sus lecciones musicales.