HECTOR CANTABA BOLERO

 

 

“Si este mito es trágico, lo es porque su protagonista tiene conciencia” (El mito de Sísifo: Albert Camus)

“Es inútil que pienses en la felicidad, tiene mucho de ausencia su existencia fugaz” (“Comedia”, José Angel Espino)

 

Héctor está bailando con su sombra en el escenario.  Hay en ese baile el mismo alarde de los guapos de barrio ante la rocola, ya sea guaracha, ya sea bolero.  Baile que nace de una lírica arisca, bochinchera, contra los convencionalismos, contra las apariencias.  Lírica con rasgo autobiográfico.  Es que Héctor cantaba bolero, su propio bolero.

El discurso más socorrido sobre El Cantante es aquel referente a su vida signada por la tragedia, por la mala racha, como a la algarabía sonera y pendenciera en su obra.  Pero en verdad, todo esto ha transitado de la mano con el bolero.  Difícil es hablar de su trayectoria y prescindir de la faceta romántica.  Ambas dimensiones están entrelazadas.  En ciertos boleros usa incluso recursos del soneo y en otros números de ritmo ligero exhibe, a veces, una lírica cercana al bolero: “Tu amor es un periódico de ayer…” o “Y nadie pregunta si sufro, si lloro, si tengo una pena que hiere muy hondo”.  Aunque este aspecto puede atribuirse a la tradición paradójica existente en la música popular de cantar letras sentidas con ritmo alegre, hay que considerar, sin embargo, que la diferencia está en su interpretación.

Sus boleros no hablan de la felicidad y tienen como una de su constantes el recurso de la lágrima, las heridas de su penar.  Malquerencias.  Su interpretación nada tiene que ver con el tránsito oficioso que muchos cantantes suelen hacer del romántico ritmo.  En la galería de temas que aborda señalamos: lo fugaz, lo transitorio y lo efímero (¿Por qué te conocí?, Sombras nada más), los celos (Tú bien lo sabes), lo dramático (Pobre del pobre), la apelación al poder divino para remediar sus dilemas sentimentales (Plazos Traicioneros, Castigo, y en especial, De ti depende), la irreflexión en sus convicciones machistas (No cambiaré, Don Fulano de tal) y el despecho y revanchismo (Un amor de la calle).  Destaca aquello que Angel Quintero Rivera en su libro (Salsa, sabor y control: Sociología de la música tropical”), resalta también en el caso de Rafael Hernández: cantarle a lo social desde la intimidad.
Ahí están los mensajes transmitidos por El retrato de mamá, Pobre del pobre, Seguiré mi viaje y Consejo de oro.

Hay dentro de la propuesta de El Cantante elementos de una lírica autobiográfica, los cuales configuran una admirable consistencia y unidad.  Existe especialmente en su etapa como solista cierta predilección por temas que abarcan desde su melancolía y mala fortuna hasta su fatalidad e interrogantes existenciales (lo mismo en Soy vagabundo, que en sus propios temas: La fama, Loco y Paraíso de dulzura).  A veces las letras van narrando su futuro, como si cantase un oráculo.  Escuchen en Comedia: “Supe de la vida lo que nunca quise oír, mucho has de llorar poco has de reír”.  Como el destino impuesto en las tragedias griegas.  Ese destino que, con sus plazos traicioneros, siempre estaba en su contra.
Como Sísifo, que fue condenado por los dioses a llevar hasta la cima de la montaña una enorme roca que siempre volvía a caer. 

“EN EL ALMA TENGO UN SUFRIMIENTO”

En un artículo titulado “El bolero generacional” (publicado en la revista Bolerazo de Venezuela), el colombiano César Pagano advierte la importancia de los salseros en la vigencia del bolero:  “los latinoamericanos le pusieron sentimiento al corazón de Nueva York y dentro de la salsa sazonaron con un bolero que fue la pausa romántica de la rumba en las creaciones del insólito Catalino “Tite” Curet  Alonso y de Rubén Blades y cantaron Chivirico Dávila, Justo Betancourt, Adalberto Santiago, Ismael Rivera y Cheo Feliciano. Sentimiento tú. Además de la letra agresiva, igualitaria para la mujer (La tirana, Puro teatro), el bolero salsero tenía armonías modernas del jazz, y el montuno que invita al baile, cuando después de arrancar, va acelerando el ritmo con su estribillo de guajira o de son lento, con oportunidades de lucimiento para el solista.  De eso se trata el bolero salsero, mensaje más actualizado y baile delicioso inevitable”, culmina Pagano.

Ejemplos notables de lo señalado por Pagano son tres boleros arrabaleros de Lavoe durante su etapa con Willie Colón: Soñando despierto (Estuve soñando que ya tú habías vuelto/que me perdonabas, qué dulce el momento), Seguiré sin ti (Tu tienes una forma de querer un poco extraña…”) y, en especial, Ausencia, el cual se convirtió en un himno de los barrios de guapos:  “Ha terminado otro capítulo en mi vida/la mujer que amaba, hoy se me fue/esperando noche y día/y no se decide a volver/Pero yo sé que volverá, y si no de penas moriré/ ¿qué yo he hecho? ¿qué te hizo partir?”

La generación de la salsa clásica estuvo muy ligada al bolero.  No sólo hizo una recreación del repertorio conocido en aquel entonces, sino que también contribuyó a la expansión del género con nuevos temas.  No hubo salsero que se salvara del bolero.  Ni la rumbera Celia Cruz.  Ni el guarachero Oscar D,León y tampoco el cronista Rubén Blades.
Agite y arrullo iban de la mano, siendo Cheo Feliciano uno de su intérpretes más destacados.  Hasta que este circuito se vio interrumpido con la llegada del estilo llamado, paradójicamente, “salsa romántica”.  Aunque algunos salseros, como Héctor Lavoe, siguieron grabando boleros.

En este vínculo amatorio tiene Héctor Lavoe un rol primordial.  Esta vena queda reafirmada en los títulos bolerísticos que da a dos de sus principales discos: De ti depende y Comedia.  Como en el hecho de grabar, en pleno furor de su reanudada carrera, un disco entero de boleros bajo el título de Recordando a Felipe Pirela, un tributo póstumo al cantor venezolano que tuvo un prematuro y trágico final.  Es el Héctor Lavoe que canta en Sombras nada más: “Pude ser feliz y estoy en vida, viviendo el pasaje más horrendo, de este drama sin final… sombras nada más”.  El Lavoe que dijo en el espacio radial Pueblo latino de Walter Rentería: “Voy a morir como los grandes, como Tito Rodríguez, como Benny Moré”.  El Lavoe que una tarde de agosto de 1986, antes de su actuación en La Feria del Hogar, bajó al piano-bar del Hotel Sheraton de Lima, donde estaba alojado, a cantar boleros acompañado en el piano por el Profesor Joe Torres, simplemente porque le dio la gana.

Salvo Feliz Navidad, en todos sus discos solistas siempre grabó boleros.  Muchos de sus boleros son relatos en alta voz del sentimiento fatalista de la vida.  Hay, pues, un Héctor Lavoe intimista.  Del bolero arrabalero fabricado en su período con Willie Colón pasa a otro más elaborado, con arreglos novedosos e influencias de otros estilos musicales, pero sin perder nunca su sello callejero.

“SOY UNA SIMPLE COMPARSA…”

El Cantante une a diversas regiones de nuestro hemisferio, desde el Bronx hasta Perú, a ritmo de bolero y en distintos registros.  Puede definirse como “música de la emigración”, según ha dicho, en lo que se refiere a Lavoe el profesor Angel Quintero Rivera. Le canta a Venezuela en boleros de Felipe Pirela.  A Cuba a través de los Plazos traicioneros de Luis Marquetti.  A México vía boleros de José Alfredo Jiménez y Álvaro Carrillo.  A Argentina con Sombras nada más de Contursi y Lomuto.  A Perú con Emborráchame de amor de Mario Cavagnaro.  A su Puerto Rico con el bolero De ti depende.  Con esa virtud de los grandes boleristas de rehacer o reinventar.

Precisamente, José A. Pérez y Antonio I. Mejías, han escrito en el libro La historia del cantante Héctor Lavoe, que: “De ti depende fue escrita cuando Miguel Angel Amadeo era joven.  Al principio, le dio su canción a Felipe Pirela y después a Cheo Feliciano.  En su opinión, ellos no enfatizaron o cantaron la canción con un profundo sentimiento.  Por eso, el público la olvidó rápidamente.  Cuando le dieron la canción a Héctor… la vieja melodía se convirtió en un éxito espantoso….”

Otro bolero que Lavoe hace suyo es Emborráchame de amor (incluido en su primer disco solista) de Mario Cavagnaro, un compositor fundamental de la música peruana que ha aportado temas a cantantes como Rolando la Serie y Celio González.  En este bolero, Héctor supo retratar su extravío, como si estuviese vagando entre las sombras del crepúsculo.  “Es una visión portuaria de la vida” me dijo una vez el autor de esta canción.

“No me preguntes qué me pasa
tal vez yo mismo no lo sé
Préstame unas horas de tu vida
Si esta noche está perdida
encontrémonos los dos.

No me preguntes ni mi nombre
quiero olvidarme hasta quién soy
Piensa que tan sólo soy un hombre
y si lloro no te asombres
no es por falta de valor.
No sé, quien eres tú y no interesa
solo sé que mi tristeza necesita tu calor
y al esconder mi cara en tu cabello
pensaré que sólo es bello
este instante del amor”.

A propósito, el venezolano César Miguel Rondón anota en su Crónica del Caribe urbano: El libro de la salsa: “Si el Caribe conoce constantes en su música, el bar como aliciente a los amores perversos y/o perdidos, es una de las más fuertes y determinantes.  Y para cantar esta circunstancia acude Emborráchame de amor, un bolero sin concesiones, directo, desgarrado, agresivo e hiriente”.

El bolero no sólo le sirvió para canalizar sentimientos amorosos casi siempre de desencuentros sino sentimientos maternales, como las telenovelescas letras de El retrato de mamá y Consejo de oro.  También fue vehículo de sus sentimientos autodestructivos.  Ahí está Taxi como evidencia contundente  “…Lléveme al Número Trece de la esquina Agonía que allí moriré”.  Y para filtrar toda su visceralidad en esa obra maestra del desparpajo que es Pasé la noche fumando (del disco Vigilante junto a Willie Colón): “Ya me pasé fumando la noche entera sin disipar tu imagen dentro de mí, he bebido de vino un mar de botellas y sólo he conseguido pensar en ti”.

Ásperos los boleros de Héctor, cantados en arrabal neoyorquino.  Boleros intensos que calzan con el malditaje de su intérprete.  Es que Héctor cantaba bolero, su propio bolero.  ¡Hey, Taxi!

Por Agustín Pérez Aldave.
Publicado en Latin Beat Magazine (Septiembre/Octubre 2006)