THE PALLADIUM BALLROOM
Tres años pasaron llenándolo de polvo y de telarañas, antes de que Louis Levine, Sylvia Cole y Maxwell Hyman Siegel recibieran la aprobación de la licencia de funcionamiento para convertirlo en la academia Palladium Ballroom Inc. Sin embargo, en aquel mes de abril de 1947 era muy poco lo que podía hacer un sitio como ése para sobrevivir en medio de la fama de sus vecinos, a menos que dependiera de éstos o que se dedicara a otras actividades. Los locales de la Calle 52 entre Sexta y Séptima Avenida y los de Harlem tenían un público asegurado para el jazz, mientras que el China Doll, el Roseland y el Arcadia acaparaban las noches latinas con una competencia que cada día se daba más por vencida, de modo que pocas personas habrían apostado por el éxito de un local llamado a desaparecer para siempre. Pero Maxwell Hyman, un veterano sastre de prendas militares durante la guerra y fabricante de vestuarios para musicales, no estaba dispuesto a dejar que eso sucediera. Hyman adoraba la música, añoraba los viejos tiempos y le encantaba ver bailar. Así que vendería cara la piel antes de rendirse ante la evidencia del fracaso comercial. Por esa razón contrató a un hombre llamado Tommy Morton para que administrara su negocio y atrajera todos los clientes que pudiera. Para Morton no era tampoco una tarea fácil y, además, tampoco tenía suerte. El mismo día en que fue contratado, cuatro hombres se acercaron a la taquilla, lo encañonaron, le pidieron el dinero de las entradas y le golpearon en la cabeza tras llevarse el botín. Aun así, no claudicó en su empeño de construir un gran proyecto, pues contaba con un as bajo la manga: su amistad con la mayoría de los promotores de bandas de la ciudad, entre ellos el ex director puertorriqueño del Conjunto Ritmo y los Happy Boys, Federico Pagani, el mismo que en diciembre de 1940 sirviera de partenaire en el Park Plaza Hotel para el debut de los Afrocubans de Machito. Morton le contó a Pagani todo sobre el asunto, pero éste se mostró escéptico. "Mira, la gente ya no baila foxtrot. Ni siquiera el viejo swing. A la gente le gusto el be-bop y sobre todo los ritmos cubanos. Pero lo más importante es saber promocionar los conciertos latinos. Sin eso, no tendrás nada." Pagani le contó a su interlocutor cómo habían sido los días de baile desenfrenado en la 110 y le dio varios argumentos para reafirmar su teoría sobre los beneficios de la música afrocubana. Pagani insistió hasta que Morton estuvo de acuerdo en plantearle su forma de renovar el negocio al viejo Hyman. La propuesta no resultó tan descabellada. Hyman ya había pensado en algo similar y la idea de Pagani y Morton de organizar noches latinas bien promocionadas encajaba con la suya de contratar a dos orquestas que tocaran sin interrupción por las noches, en lo que él llamaba two top name . Únicamente existía un problema. El público llegaría, se emborracharía y lo destruiría todo. Además, hacer controles a la entrada siempre se consideró una treta elitista pagada con cristales rotos. A sugerencia de Pagani, los tres consultaron a varias personas vinculadas con el ambiente latino como Mario Bauzá. Al dirigir la banda afrocubana más respetada de la ciudad, Bauzá tenía mucho que aportar y, si las condiciones eran favorables, hasta tocar en el Palladium.
Así se empezó a gestar la idea, con un Morton y un Pagani repartiendo octavillas de publicidad del Palladium en las estaciones de metro y en las paradas a autobús, y con un Machito y un Bauzá dedicados a ensayar un nuevo repertorio. Así, hasta la fecha del estreno en sociedad, a finales de 1947, cuando en la puerta del salón cientos de personas se agolparon de tal forma que taponaron la calle. La policía tuvo que acudir para poner orden en la entrada y Morton debió justificar con certificados la legalidad del local y del evento. Solucionado el inconveniente, se inauguró oficialmente un club que recibió el nombre del exitoso tema compuesto por Chano Pozo, Blen Blen Club. Y a pesar del escepticismo e Hyman, de los temores de Morton y de las previsiones de Pagani, los Afrocubans de Machito, acompañados por las orquestas alternantes, la de Noro Morales, la de José Curbelo, la de Marcelino Guerra y la del merenguero dominicano Joseíto Mateo, provocaron un entusiasmo sin precedentes en el renovado lugar y marcaron definitivamente el futuro del Palladium Ballroom.
El local se abría los viernes, los sábados, los domingos y los miércoles. Los viernes lo llenaban los latinos, los sábados una mezcla multirracial de habitantes de Nueva York, los domingos iba toda la comunidad negra y los miércoles se daba cita la jet set de la ciudad. Allí solía encontrarse personajes entusiastas de la música afrocubana, como el actor de teatro y percusionista aficionado Marlon Brando; la starlett rubia de la RKO, Kim Novak; el crooner y comediante, Sammy Davis Jr.; la multifacética y elegantísima cantante Lena Horne; y hasta el flamante campeón de los pesos pesados, Ezzard Charles.
Y el debut de los Picadilly Boys fue, por supuesto, en el Palladium una tarde de domingo. Puente y sus compañeros se destacaron enseguida, pues el timbalero le imprimía a cada tema una fórmula tan sencilla como eficaz: comienzo en forma de montuno, con una percusión bastante fuerte, y enseguida, juego de riffs entre los metales. Así hasta sus solos, y después de éstos, más de lo mismo. Al escuchar eso, un bailarín, literalmente, no podía quedarse sentado. Sin embargo, Puente no duró mucho en el salón de baile de Hyman. En marzo de 1949 dejó a Campo y al Palladium, y se fue con seis músicos a tocar al club El Patio en Nueva Jersey durante todo el verano. Allá estaba todavía cuando Pagani se acordó de él.
Según la denuncia de Frank Mangrella y Michael Catalano, Tommy Morton había tenido palabras injuriosas para con ellos e intentos de sabotaje en los clubes que éstos regentaban. La SLA retrasó el levantamiento de la sanción hasta el 18 de enero de 1950, pero, para evitar represalias, Hyman y sus socios optaron por mantener cerrado el local, hacer reformas en su interior y abrirlo al público el 17 de marzo de 1950. Fichado Tito Puente, la reapertura fue con su banda y la del bajista Julio Andino esa misma noche de viernes. Así transcurrieron seis meses, otra vez Puente en el pináculo del lugar. Pero a mediados de septiembre, Tommy Morton, embebido con el éxito de un negocio que consideraba suyo y en el que intentaba comprar acciones, le propuso a los dueños que el club bien podía dejar de llamarse Palladium Ballroom para ser Morton Ballroom. El empresario estaba convencido de su vital importancia como regente del local y de la fama de su nombre. Hyman pensaba una cosa bien distinta y a partir de ese momento, Morton dejó de ser el hombre fuerte del Palladium y el veterano sastre asumió las riendas del negocio.
En enero de 1951 se organizó un baile especial para presentar a las dos nuevas orquestas que habían sido contratadas para amenizar alternativamente las siguientes noches del Palladium. Frente a un público ansioso y frenético se anunció el primero de los duelos musicales entre Tito Puente y Tito Rodríguez bajo el nombre de Two Tito,s top in mambo. Los debate musicales del Palladium entre las dos orquestas muy pronto se volvieron míticos. Puente desplegaba todo su talento como timbalero para improvisar en piezas de su evidente swing latino, mientras que Rodríguez respondía a los ataques con versos satíricos en tiempo de mambo que despertaban hilaridad entre el público. Nadie ganaba, nadie perdía. Puente descargaba en su lenguaje de tambor toda su vitalidad tras un coro que decía "Nana, saguero y bubla, raña de lubi ka... Ran kan kan, kan kan." Rodríguez respondía, en su tono vocal jocoso y llamativo, "Déjate de tanto alarde y vive la realidad, que por mucho que tú trates el mundo no cambiará... De sabio no tienes na." Y allí no terminaban. Puente, a través de su cantante Vicentico Valdés, soltaba todas las estrofas de la guaracha Tú no eres nadie, en tanto que Rodríguez llegó a componerle un tema a su rival: "A mi no me importas tú ni diez miles como tú, yo sigo siempre en el goce, el del ritmo no eras tú."
Hasta ese momento Tito Puente no era llamado rey de la música, sólo de su instrumento, los timbales, aunque los bailarines del Palladium sí lo consideraban como tal. Él amenizaba los comienzos de las noches de los miércoles, cuando la programación del club se dedicaba sólo al baile. Desde las ocho, el instructor de danza Joe Piro, apodado Killer Joe, daba clases de mambo a los asistentes habituales. A las once empezaba un concurso para aficionados con premios que variaban su cuantía de acuerdo al número de inscripciones. Hacia la medianoche empezaba el show de los bailarines profesionales, que era cuando entraba en escena la orquesta de Tito Rodríguez para entablar su particular duelo con Puente.
Pero quienes recibían los mayores aplausos eran las parejas de baile. El primer grupo que surgió en la escena del Palladium fue el conformado por Joe Centeno y el puertorriqueño Aníbal Vázquez. Se hacían llamar los Mambos Aces y solían viajar con las orquestas cuando éstas realizaban giras por el país. La coordinación de Byron y Tybee y de Mike y Elita Terrace era muy aplaudida, en especial cuando empezaban a acercarse uno a otro con pasos muy rápidos y simulando un combate de boxeo, para luego alejarse. En aquel paso de baile, que caracterizó al Palladium, la pareja de Augie y Margo fue la mejor, llegando incluso a que se ubicaran sus nombres en el l Al enterarse Hyman de lo sucedido, buscó a Puente y lo encontró tan enfadado que no le dijo nada. Rodríguez no andaba por allí, de modo que optó por poner los dos nombres en una misma línea, pero con Tito Rodríguez a la izquierda y Tito Puente a la derecha, lo cual significaba que este último recibiría el top billing lugar de honor, de acuerdo al protocolo del mundo del espectáculo. De esa forma, la noche la abrió Rodríguez, quien se sintió como un telonero. Por eso, al terminar su set , obvió la cortesía habitual y no mencionó a la banda que seguiría a continuación. Cuando le tocó el turno a Puente, tampoco anunció a su rival. Nunca lo harían a partir de entonces.
El Palladium cerró sus puertas al público en mayo de 1966. Hacía cinco años que padecía el acoso de las autoridades y de sus rivales de establecimientos nocturnos. En abril de 1961 hubo una redada policial en busca de narcóticos con veinticinco personas arrestadas, y en septiembre de ese año le retiraron de nuevo la licencia para vender licor por acusaciones de narcotráfico y prostitución. El mundo ya no giraba igual y ya no estaban Tito Puente y Tito Rodríguez para brindarle una nueva oportunidad.
Extraído de: Oye cómo va.... El mundo del Jazz Latino (José Arteaga)
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