Larry Harlow El judío Maravilloso Larry Harlow es la figura más excéntrica de la salsa. Su estilo singular le ganó distinción en los 60, en medio de un ambiente musical formal y clásico cuyos protagonistas se destacaban por ser prudentes y circunspectos, aunque se conocía de sus demencias. De ascendencia judía, este hijo de las calles de Brooklyn fue un digno representante de la imagen vivaz que dominó los escenarios juveniles en la década de 1960. Es recordado por su extravagante indumentaria, con colores siempre llamativos y su rostro maquillado, como si se tratara de burlar la decadencia de la vida urbana neoyorquina de su época. Tras esa imagen, muchas veces alocada e impetuosa, se encontraba una de las personalidades más instruidas de la música popular latina. Graduado de la High School of Music and Art de Nueva York, este virtuoso del piano ostenta una maestría en filosofía del Institute of Audio Research de New School for Social Research, donde se especializó en jazz, piano clásico, dirección, composición, orquestación e ingeniería de sonido. También posee un bachillerato en música de Brooklyn Collage. Pero más allá de todo su bagaje académico, el denominado "Judío Maravilloso" ostenta el mérito de ser uno de los principales precursores del sonido de la salsa y el más fiel a los patrones tradicionales de la música cubana. Su herencia musical
Su padre, Nathan Kahn (Buddy), de ascendencia austriaca, fue un prestigioso bajista que trabajó en hoteles y convenciones a lo largo de la frontera de Nueva York interpretando música popular de todos los países, en sus respectivos idiomas. Mientras, su madre Rose Sherman, de ascendencia rusa y hebrea, fue cantante de opera. Una de sus tías también se destacó como pianista y su abuelo se desempeñó como teatrero. En ese contexto, no era para menos imaginar la afición del pequeño Larry a las artes, como sucedió, además, con su hermano Andy, quien luego resaltó como músico, arreglista y líder de orquesta. "Mi papá era director musical en un club que se llamaba Latin Courner, y yo crecí escuchando a Jerry Lewis, Frank Sinatra y Dean Martin. En mi casa había muchas expresiones de arte, así que empecé a tocar piano de niño, en especial el jazz porque me gustaba el proceso creativo y las construcciones que permitía hacer esa música" , sostiene.
Esa oportunidad lo acercó a la multiplicidad de prácticas sonoras que dominaban los escenarios artísticos neoyorquinos de principios de los años 50. Larry Harlow recuerda con placer cómo de camino a la escuela atravesaba por el barrio del Harlem Hispano deleitándose con la música latina que se escuchaba desde los negocios de la zona, al punto de convertirse en fanático de los temas Abaniquito de José Curbelo y Ay castellano de Tito Puente. "Antes me gustaba tocar la música de negros, pero cuando escuché la música latina por primera vez, me fasciné, cuenta el artista, quien visitó el prestigioso salón El Palladium por primera vez cuando tenia 15 años de edad. "Yo quería aprender jazz y ser músico de jazz pero en esa época si no eras negro y no usabas droga no eras aceptado. Entonces vi que la música más cerca del jazz es la latina" , añade. Su debut orquestal
La banda se conoció como Hugo Dickens y su Orquesta, y entre sus integrantes se destacó el percusionista Willie Bobo. "Fui al primer ensayo y tocaba malo. Los muchachos me dijeron: Tocas horrible, chico, fuera de la orquesta. Me puse muy triste, pero fui a comprar los discos de Noro Morales y Xavier Cugat y me aprendí los solos de piano de memoria, nota por nota, y los hacía bien rápido. Entonces regresé al grupo y, claro, en ese momento no era Larry Harlow, era yo tocando como ellos lo hacían". Esa experiencia no tuvo mayor repercusión, aunque le sirvió de escuela para familiarizarse más con las expresiones rítmicas latinas que eran dominantes en el mundo latino y caribeño de Nueva York. Un suceso, en cambio, fortaleció su visión musical. En 1956 Larry Harlow visitó la ciudad de La Habana por primera vez, en medio de las festividades navideñas. Su encuentro con las expresiones rítmicas cadenciosas de la isla caribeña lo condujeron a dibujar la propuesta del proyecto artístico que años después construyó. "Yo fui a La Habana con unos amigos judíos y quedé sorprendido con la avalancha de música que encontré en las calles: el Conjunto Aragón, Benny Moré, el Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro. Me encantó tanto que cuando terminé la high school (en mayo de 1957) me fui a la Universidad de La Habana a estudiar y allí estuve hasta el triunfo de la Revolución (1 de enero de 1959)" . La experiencia musical que obtuvo en uno de los entornos socioculturales más ricos del Caribe, y bajo la tutela académica del maestro Fernando Ortiz, quedó plasmada en el proyecto que creó con su propia orquesta en 1964. Un judío con sabor cubano
Este joven norteamericano de Brooklyn vivía enfrascado en el trabajo artístico que desempeñó el tresista cubano Arsenio Rodríguez (El Ciego Maravilloso), a quien escuchó tocar por primera vez en 1957, en la provincia de Matanzas, en Cuba. Entonces, el joven pianista de 18 años de edad había decidido radicarse en la más grande de las Antillas para estudiar música, después de haber enloquecido con las propuestas musicales de ese país cuando lo visitó por primera vez en la Navidad de 1956. La propuesta creativa que construyó a principio de los años 60 perpetuó los valores de la música cubana, muy próximo al trabajo de Arsenio Rodríguez, de quien confiesa aprendió el tumbao del son montuno. Las innovaciones, en cambio, se perciben en la armonización de las trompetas y la combinación con el trombón, provocando un sonido más grueso y punzante que el de las grandes orquestas de la época. "En ese tiempo nadie usaba trompetas con trombones y yo tenía un sueño genial de grabar esa combinación. Y desde ahí todo el mundo lo empezó a hacer". En efecto, su proyecto partió del sonido del son típico que había logrado Arsenio y que en Nueva York se mantenía vigente en la propuesta de Johnny Pacheco y su tumbao añejo, aunque para este caso alteró el tradicional formato de un conjunto resultando en una sonoridad novel, lo que algunos estudiosos han catalogado como "el sincretismo instrumental característico de la salsa". Puso a bailar a sus paisanos
Esa zona, donde se ubicaban cerca de un centenar de hoteles y que estaba dominada por la población judía, se destacaba por sus paisajes turísticos y porque hasta mediados de la década de 1960 fue un centro de trabajo importante para los músicos latinos y caribeños en los meses de verano. "Los judíos iban a veranear a los hoteles de Catskill y lo que querían era bailar cha cha chá, mambo, son y toda la música latina. Era una cosa fantástica. Allí también trabajaban Tito Puente, Tito Rodríguez, Machito, Ray Barretto y Joe Cuba. Yo hice mi orquesta y conseguí trabajo en el Schenck's Hotel". Para la grey de intérpretes de música caribeña fue sorprendente el entusiasmo y esmero que empleaba un hombre judío por unas sonoridades que el eran "ajenas" a su idiosincrasia. Larry Harlow fue haciendo un nombre en este ambiente de latinos interpretando los temas más cadenciosos del repertorio de las bandas más famosas, aunque con una sonoridad más cubana. Junto al "judío latino" había un equipo de seis músicos, cuatro judíos y dos italianos. Un dia el Schenck's Hotel se convirtió en el escenario preferido para los músicos puertorriqueños, cubanos y dominicanos de Nueva York, quienes al concluir sus trabajos en sus respectivos hoteles aterrizaban en la planta de labores de Larry Harlow. "Era tradición llegar todas las noches a ese hotel a hacer nuestras primeras jam sessions. Allí estábamos horas, sin público, tocando y cantando. En ese momento nos compenetramos más los músicos y eso fue el preámbulo de lo que vino después" , contó en una ocasión el veterano vocalista José "Cheo" Feliciano. "Después de Catskill, poco a poco fui subiendo más y tocando con orquestas mejores. En 1962 toco con Tito Rodríguez por seis meses y después, en 1964, estuve con Pacheco en la inauguración de la Feria Mundial de Nueva York, pero tenía una idea para un sonido diferente" , asegura Larry Harlow. Su sueño "genial", apunta, era lograr fusionar las expresiones melódicas que cargaba consigo de su experiencia en Cuba y fusionarlas con combinaciones modernas, perpetuando el sonido tradicional del son. Ese proyecto quedó consolidado en la creación de su nueva orquesta, en 1964, el mismo año que Johnny Pacheco le ofreció firmar un contrato con la recién fundada empresa de discos Fania, convirtiéndose en la primera agrupación, después de Pacheco, en formar parte y grabar para el nuevo sello discográfico. Revolcó el sonido caribeño
En este trabajo participó como vocalista Felo Brito, un antiguo bailador de la orquesta de José Fajardo que el pianista reclutó para la interpretación de La Juventud , Maria la O , Mi guaguancó , y El lorito y el carbón , entre otros. La parte armónica estuvo dominada por dos trompetas, a cargo de Alfredo "Chocolate" Armenteros y Ralph Castrello, y dos trombones, al mando de Marc Weinstein y Julian Preister. Esta formación sonora revolcó la musicalidad caribeña de la época, moviéndose hacia la conformación de una nueva propuesta rítmica, nunca antes escuchada, y que ha logrado mantenerse hasta nuestros días como el patrón básico de las orquestas salseras. "Heavy Smooking" tuvo un gran respaldo del público y su éxito abrió la puerta para la eventual consolidación de la Fania y el reclutamiento de figuras que también impactaron el ambiente musical caribeño de Nueva York como Bobby Valentin, Ray Barretto y Willie Colón.
Empero, el gran éxito de la Orquesta Harlow le advino en 1967 tras el ingreso de un joven cantante natural de Aguada, que antes había trabajado con la agrupación de su hermano, Andy Harlow, y que gozaba de la recomendación de Ismael Rivera ("El Sonero Mayor"). Su nombre, Ismael Miranda, quien en un principio acompañó en la banda a Monguito Quián hasta que se quedó solo con la responsabilidad vocal. Larry Harlow e Ismael Miranda hicieron una combinación musical perfecta, que para muchos seguidores del género asemejó el éxito obtenido por los binomios de Frank Machito y Mario Bauzá, y Tito Puente y Vicentino Valdés. Su primer álbum fue "El exigente" (1967), seguido de "Larry Harlow presenta a Ismael Miranda" (1968), "Me and My Monkey" (1969), "Electric" (1970), "Abran Paso" (1970), "Tribute to Arsenio Rodríguez" (1971) y "Harlow's Harem" (1972). Tras cinco años de éxitos, Ismael Miranda se marchó de la orquesta decidido a emprender futuro como solista. En cambio, antes de partir reclutó a Junior González, quien se inauguró como vocalista junto al famoso pianista con la obra "Hommy: A Latin Opera" , en 1973.
La secuela de triunfos de Harlow y González continuó con las producciones "El judío maravilloso" (1974), "Live in Quad" (1974) y "El jardinero del amor" (1977), momento en que el vocalista se marchó para ser sustituido por una de las voces melódicas más encantadoras de la salsa, Néstor Sánchez ("El Albino Divino"), quien se introdujo en la banda con el álbum "La raza latina" (1977). Constante innovador salsero
Aun cuando posee un catálogo extenso de éxitos, uno de sus más grandes logros lo obtuvo al crear la primera ópera salsera, "Hommy"; una producción de 1973 que incluyó, por primera vez en el género, la participación de una orquesta sinfónica. Este trabajo, una adaptación de la ópera rock "Tommy" que hizo el grupo The Who y que fue creada para la salsa por Larry Harlow y Genaro "Heny" Álvarez, representó la elevación de la nueva propuesta del sonido caribeño a las dimensiones de música de arte. "Hommy: A Latin Ópera" , arreglada magistralmente por Marty Sheller, se montó sobre la narración de una historia que va hilvanando cuentos y experiencias en torno al nacimiento y crianza de "Hommy" . Algunos de los 20 temas del álbum son El Mantecadito , Soy sensacional, Caridad, No queremos sermón y Gracia Divina , bien logrados en las voces de Cheo Feliciano, Adalberto Santiago, Justo Betancourt, Pete el Conde Rodríguez, Heny Álvarez, Junior González y Celia Cruz. La tendencia innovadora que mostró Larry Harlow con este trabajo se consolidó en el álbum "Salsa" (1974), en el que aprovecha para revivir la sonoridad de las charangas, incorporando a su formación orquestal dos violines en la interpretación de La Cartera y El paso de Encarnación , en una explosión rítmica. Ese mismo año logró otro trabajo característico de su ingenio creativo: la realización del primer disco de salsa cuadrafónico, "Live in Quad" (1974). Antes, el Judío Maravilloso había enternecido al público salsero con el primer tributo que tras su muerte se le ofreció al "Padre del Son", Arsenio Rodríguez, quien falleció el 31 de diciembre de 1970.
Un año antes, en 1970, había lanzado al mercado la producción "Abran paso" , un álbum en el que se asomaba el enfoque salsero de los nuevos tiempos que representaba el virtuoso pianista. Otra seña de su constante innovación fue el disco "La raza latina" (1977), una excelsa producción que intentó testimoniar la forma en que el músico concibe los orígenes de la salsa ofreciendo su perspectiva del cantautor panameño Rubén Blades y gozó de una nominación a los premios "Grammy". Incansable obrero de las artes El listado de contribuciones del pianista, arreglista, productor, ingeniero y compositor Larry Harlow a la salsa es interminable. Como primer artista en grabar para el sello Fania (después del co-fundador de la empresa Johnny Pacheco) fue responsable de impulsar el género, en momentos en que aún no se definía con claridad su identidad sonora y cuando el imperio musical caribeño de Nueva York estaba dominado por las grandes orquestas de Tito Puente, Tito Rodríguez y Frank "Machito" Grillo.
El "Judío Maravilloso" fue, a su vez, quien impulsó el 26 de agosto de 1971 la celebración del evento artístico del salón Cheetah, ubicado en la calle 52 y la Octava Avenida, y donde formalmente se constituyeron Las Estrellas de Fania. Además, fue quien sedujo a Jerry Massucci, jeque de la empresa disquera, con la idea de filmar la película "Our Latin Thing" . "Él me planteó la idea y me convenció. Me llevó donde Leon Gast (director de la cinta) y ahí comenzamos a hacer la película" , manifestó Massucci durante una intervención fílmica en 1998.
Ese mismo año, se convirtió en el primer salsero en realizar un espectáculo en el prestigioso Carnegie Hall, el jueves 29 de marzo de 1973, con la ópera "Hommy" . Esta pieza, además, sirvió para promover a la cantante cubana Celia Cruz como exponente de la salsa, lejos de lo que había sido su experiencia como representante de los ritmos tradicionales cubanos. Sobre los hombros de Larry Harlow también recae el reconocimiento que hoy gozan los artistas latinos en la ceremonia de premios de los "Grammy". "La música latina no era reconocida y nuestros trabajos se incluían como música étnica. Yo me comuniqué con Felipe Luciano y juntos levantamos dos mil firmas en una campaña para que la ceremonia número 74 de los "Grammy", que ese año iba a ser en Nueva York, reconociera nuestro trabajo. Lo logramos en 1975 Eddie Palmieri ganó un Grammy por su disco "The Sun of Latin Music" , narra el músico, que también se destaca como ejecutante del oboe, el cuerno inglés, la flauta, el vibrafono y la percusión. Como embajador del sonido caribeño Larry Harlow ha viajado por Europa, Centro y Sudamérica, Finlandia, África, Japón y Estados Unidos. Asimismo, ha dejado consignada su huella e ingenio creativo en cerca de 200 producciones que ha realizado para otros artistas, además de sus 30 álbumes y los 15 trabajos para Fania.
Hiram Guadalupe Pérez (Historia de la Salsa) |
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