Carlos "Patato" Valdés,

El   melodioso del tambor. 1.

 

Por Enrique Romero

elmolestoso@latincoolture.com

 

Carlos Patato Valdés, uno de los percusionistas cubanos más importantes de la rumba y el latin jazz, falleció el pasado 4 de diciembre en Cleveland (USA) a   la edad de 81 años, sesenta y tres de ellos dedicado profesionalmente al tambor, es decir a la esencia de nuestra cosa latina. Su historia, sus aportes, sus obras y su singular personalidad lo habían convertido en un genio viviente, reconocido y admirado por músicos, rumberos y melómanos de todo el mundo.

El 4 de diciembre es el día de Changó, el equivalente a Santa Bárbara en la Santería (religión Yoruba afro cubana). Patato nació el 4 de diciembre de 1926 y murió el 4 de diciembre de 2007. 2. Una coincidencia nada sorprendente tratándose de un ferviente devoto de dicha religión, condición casi obligada en cualquier timbero que se respete. Changó lo trajo al mundo y Changó se lo llevó aunque, según algunas versiones, fue el propio Patato quien decidió irse. El martes 4 de diciembre, desconectado ya de los aparatos que lo mantenían con vida, dicen que levantó los brazos y dijo en lengua: "Changó, llévame contigo", y se fue.

En 1934, ocho años después de nacido Patato en el barrio Los Sitios, de La Habana, el escritor norteamericano Henry Miller   publicó en París su opera prima Trópico de Cáncer. En esta excitante novela hay un momento en que Miller se refiere al tambor con esta contundencia: "El arte consiste en llegar hasta las últimas consecuencias. Si comienzas con tambores, tienes que acabar con dinamita o TNT." Insuperable metáfora para declarar qué tipo de arte es el que te interesa, pero también insuperable el recurso del tambor para hacerte entender. A este ámbito pertenece el arte de Patato, cuya música explotaba cual dinamita sonora, que no es lo mismo que la Sonora Dinamita. Nada que ver. La música de Patato pertenece a otra dimensión, o mejor aún, a otras dimensiones. En primer lugar a la gran dimensión de la música cubana y, dentro de ésta, a la saga del guaguancó, el son montuno, el mambo, la guaracha y los cantos religiosos afro cubanos; en segundo lugar a la gran dimensión del jazz en su vertiente afro cubana y latina en general, desarrollada en USA desde mediados de los años cincuenta hasta pocas semanas antes de su muerte.

En su intensa y percutida vida   como tamborero (me gusta esta palabra sencilla, pero el lector sofisticado la puede reemplazar por conguero, timbero, percusionista) Patato tocó y grabó con los músicos y orquestas más ilustres tanto en su Cuba natal como en los Estados Unidos de América y Europa. El corpus fundamental de su trabajo como percusionista se encuentra en una veintena de discos (ver recuadro discografía esencial), pero en sus seis décadas de vida profesional, Patato y su golpe están presentes en un centenar largo de discos que empieza en Cuba con el Conjunto Kubavana (1944), Sonora Matancera y Conjunto Casino, y continúa en USA con Tito Puente, Mongo Santamaría, Dizzy Gillespie, Machito, Herbie Mann, Kenny Dorham, Cachao,   Jorge Dalto, Quincy Jones, Arsenio Rodríguez, Mario Bauzá, Ismael Rivera, Justo Betancourt, Luís Perico Ortiz, Candido Camero, Paquito D'Rivera, Bebo Valdés, Alfredo Rodríguez, Totico, Louie Ramírez, Hilton Ruiz   y Cal Tjader, entre los más significativos. Pero además de estas grabaciones, conciertos y festivales de renombre, la impronta de Patato como timbero de ley está en la memoria de las rumbas y toques caseros entre amigos, las descargas de solares en La Habana y en pequeños clubes latinos de Nueva York o París a las que nunca se negaba y de las que quedan memorables recuerdos imposibles de reflejar en la frialdad de un disco o en un comentario como este. Como dicen los boricuas, esto ya serían otros veinte pesos.

Chiquito, pero juguetón

AppleMark Según el Diccionario de cubanismos, de Darío Espira Pérez, Patato es el apelativo que se usa para nombrar a una persona muy pequeña, y Carlos Valdés era, físicamente,   una persona muy pequeña. Por este motivo tuvo muchos motes desde que era jovencito, pero cuando recaló en la yuma (léase U$A) adoptó el de Patato de forma definitiva. Sin embargo, lo más característico de Patato era su jodedera, su sentido del humor, su permanente gracia vital que contagiaba y embriagaba a todos los que lo trataban. Y esto se notaba de forma espectacular en el escenario, tocando las congas bailando y haciendo movimientos rumberos que a más de un profano le podría parecer que estaba teniendo un ataque de epilepsia, sospecha que se evaporaba al ver al epiléptico subirse a las congas para bailar y tocar al mismo tiempo, verlo saltar de nuevo, coger sus inseparables llaves y ponerse a afinar las congas en medio de un tema sin perder el tiempo, dejar a un lado las llaves y tocar los parches con el dorso de la mano, hacer como que busca algo, coger las claves o la baqueta de la campana y seguir tocando como si de un timbal se tratara, quitarse su eterna gorra (una del centenar de su colección) y golpear con ella los parches como si estuviera castigando a un niño travieso, y luego mirar a los perplejos músicos que lo acompañaban y cagarse de la risa coincidiendo con la entrada de una moña de vientos ¡p'alláááá!

Ingeniero del ritmo

Así era Patato, caballeros, y sin embargo, genial como músico. Fue el primero en introducir un set completo de congas (quinto, conga y tumbadora) en las orquestas y el inventor de la afinación del instrumento por medio de llaves. Hasta ese momento, los parches de las congas caribeñas se tensaban con calor, ¡fuego y candela pal pellejo de chivo, señores! Pero llegó Patato y se inventó unos herrajes que, aplicados a un aro metálico, permitían tensar a discreción los parches y ¡eureka! A gozar se ha dicho. Menos trabajo pal tumbador y más posibilidades sonoras para el instrumento. Con esto logró Patato reducir el riesgo de incendio en los escenarios, o donde quiera que calentara los cueros, y una mayor eficacia a la hora de preparar los instrumentos para la actuación. Cuando Martín Cohen (¡ingeniero él!), propietario de la casa de instrumentos Latin Percussion, descubrió el invento de Patato, lo persiguió por todo Nueva York hasta que   le compró la patente y, desde entonces, todas las congas del mundo se afinan con el método de nuestro chiquito de Los Sitios. En el extenso catálogo de congas de la firma Latin Percussion, las congas "Patato Model" son las preferidas por centenares de percusionistas en todo el mundo y las han usado desde Carlos Santana hasta los Rolling Stones, pasando por vete a saber cuántos rockeritos más. No lo reconocen, pero les va la timba. En cualquier caso, Patato es reconocido como el pionero en el camino de la modernización de la conga, camino y evolución que va desde la rumba más raizal hasta el pop más descafeinado, pasando por las mejores expresiones del jazz y la música contemporánea. Nadie se escapa de la conga. Otra cosa es cómo y quién la toque, claro.

Buscando la melodia

Patato se inicio desde niño en la música. Su padre ya era un músico reconocido de son y le enseñó al niño a tocar el tres, la marímbula y otros instrumentos afroides vigentes en los años treinta, pero el chaval tenía sus propias ideas, él quería ser bailarín o boxeador, mientras que la música era simplemente (¡simplemente!) parte de la vida cotidiana. Sin embargo, a los 15 años ya se había decantado por la percusión y a los 18 debutó profesionalmente. El boxeo lo aparcó, pues con su contextura física no hubiera hecho carrera ni en los pesos pluma, pero, en cambio, mantuvo su vena bailable y, desde sus inicios como músico, se hizo famoso con la invención de varios bailes, entre ellos el del pingüino, el yo-yo, la toalla, el trompo, el tirabuzón y unos cuantos más que se hicieron famosos en la TV cubana y eran adoptados por la población infantil.

Durante diez años, de 1944 a 1954, Patato se fajo con grupos, orquestas, descargas y bembés de La Habana. Ahí aprendió lo necesario para asaltar los cuarteles musicales de la Gran Manzana y allá que se fue. Formó parte de la artillería pesada de los músicos latinos de Nueva York y fue fichado por todas las bandas importantes del mambo y del jazz, desde Tito Puente hasta Dizzy Gillespi, pasando por Art Blakey, Max Roach o Cal Tjader hasta convertirse en pieza imprescindible de la vanguardia musical afro latina de los años sesenta y setenta.

Patato no era un velocista de la percusión, no iba por ahí descrestando al respetable con malabares de velocidad, eso que tanto le gusta al público profano, no, Patato, como ya hemos señalado era un jodedor y un hombre con gran sentido del ritmo y la melodía, un músico de matices, respetuoso de la clave, conocedor y experto en los golpes precisos, y ese conocimiento y talante eran los que le permitían jugar y hacer lo que le daba la gana con el tambor, con la autoridad no sólo del conocimiento sino también la autoridad telúrica, la que le permite a alguien decir ¡esto es mío! y te lo enseño para que lo goces. Si los lectores de esta nota quieren comprobar lo que se esta diciendo aquí de Patato pueden visitar:   http://www.youtube.com/watch?v=l-_r1EvJ6q4 . Ahí comprobarán casi todo lo dicho ¡y más!

Ready for Freddy

Este es el título de uno de los discos más importantes de Patato, y uno de los más importantes de la música cubana, grabado en 1976 para el sello de Latin Percussion. El título era una expresión que le gustaba mucho al tamborero para decir que estaba listo, sin lío, todo bien, cuenta conmigo.

Con este disco Patato la puso en la China y se la comió con el tema La ambulancia, una pieza maestra de diez minutos que escuchada con las dos orejas te causa tal embriaguez que es imposible escuchar otra cosa en las horas siguientes, y este fenómeno no sólo le ocurre a los afro latino adictos sino a cualquier rockero con alma, como le pasó a Alex García, el melodioso de Radio Gladys Palmera, cuando escuchó por primera vez el tema; estaba haciendo el homenaje de rigor en la radio al conocer la muerte del músico, puso La ambulancia, trató de preparar otro tema y notó que no podía, que La ambulancia lo tenía pillado y que Patato lo llevaba de la mano, como a un niño, al mejor parque de atracciones del mundo. El tema terminó y el melodioso Alex sólo podía exclamar ¡y ahora qué coño pongo, joder! ¡Qué coño pongo! Si Brian de Palma, director de la película Carlito's Way (1993) hubiera conocido el tema La ambulancia, estoy seguro que lo hubiera puesto como banda sonora del conmovedor final de la cinta, le hubiera dado mayor hondura y dramatismo. ¡Ay, nuestra cosa latina, caballeros!

Superman baila guaguancó

En 1968 Patato se juntó con su cumbilá Totico (Eugenio Arango), y produjeron una de las obras cumbres de la rumba cubana contemporánea. Patato & Totico (Verve) se tituló el disco y ya desde la misma portada nos empieza a seducir el patato jodedor. Ahí está el monina con su metro y medio de estatura junto a los dos metros de Totico.

Este disco constituye una matizada revolución dentro del género de la rumba cubana, tanto por la instrumentación utilizada como por los arreglos. Para la interpretación del guaguancó clásico, bastan las tumbadoras, las claves y la voz, pero en esta oportunidad Patato montó un piquete inusual para la interpretación del género, añadiendo tres, bajo y piano, y no sólo inusual sino con músicos de gran kilataje: Al bajo, Israel López Cachao; al tres, el cieguito maravilloso, Arsenio Rodríguez; y en las voces, claves y coros, además de Totico: Virgilio Martí y Papaito, entre otros. Un disco sublime en el que le meten mano hasta a la bossa nova (Mais que nada). Pero de los diez temas, hay dos que deberían ganarse el Nobel de Literatura: Nuestro Barrio (Patato-Totico) y En el callejón (Totico).

Nuestro Barrio, es un homenaje a los tres barrios más rumberos de La Habana: Jesús María, Belén y Los Sitios, en el que invitan a los habaneros a visitarlos y los van guiando por las calles principales que llevan a ellos, cantando y mencionando los atajos y hasta las instituciones que hay por el camino. Señores! El tema es todo un alarde de topografía rítmica, de arquitectura vial o de ingeniería de caminos, sabrosa y cuadrada en clave: ¡PA-TA---TA-TA-TO

Por su parte, En el callejón, además del Nobel de literatura, debería recibir el Oscar a la mejor canción hecha nunca de homenaje al cine, a los personajes históricos del celuloide y del comic, a los héroes de nuestra infancia. Por el tema desfilan Gilda, Glend Ford, Roldán El Temerario, Los Tres Mosqueteros, Sansón y Dalila, y Ricardo Corazón de León para terminar con un coro impensable: ¡Llegó superman bailando Guaguancó! 3.

Patato, señor tambor

Como ya se ha señalado, la impronta de Patato está impresa en la música cubana tradicional, en la rumba y en el latin jazz, pero no fueron pocas sus incursiones, colaboraciones y grabaciones con la salsa y algunos experimentos sonoros como el disco My own image, del trompetista boricua Luis Perico Ortiz, editado por el sello Latin Percusión en 1978. Un disco muy experimental, rítmicamente inclasificable, que contó para su grabación con una nómina de más de veintidós músicos entre los mejores de la escena latina de Nueva York. De los ocho temas del disco cabe destacar Hot blood, compuesto por Patato y Perico Ortiz, un conversatorio de percusión y trompeta sabroso y jazzy. Así mismo, este disco contiene unos novedosos interludios de percusión que anteceden a cada tema y que representan una delicia para los estudiantes de percusión.

En el terreno de la salsa, Patato estuvo presente y subió a tocar las congas en el mítico concierto inaugural de las estrellas Fania en el club Cheetah, en agosto de 1971, pero su intervención no quedó acreditada ni en los discos ni en la película Our Latin Thing. Lo que si está acreditado es su participación protagónica en discos importantes de la escena salsera como los grabados con Johnny Pacheco, Rafael Cortijo, Kako, Ismael Rivera, Azuquita, Louie Ramírez y Justo Betancourt, entre otros.

En 1970 metió la conga en el disco Lo último en la avenida, de Ismael Rivera con la orquesta de Kako. Este disco no tiene desperdicio rítmico ni lírico, contiene la famosa versión de Mi negrita me espera (recreación caribeña y salsera del original brasileño Menino de Braçanâ, de Luiz Vieira); una versión irreverente y arrebatada de El Cumbanchero; un tema de alarde africanista, Moti-Agua, compuesto por Patato y Totico; y la composición Entierro a la moda, un tema que expone el humor caribeño con toda su poesía e ironía, donde Maelo explica cómo quiere que sea su entierro cuando muera y enumera a todos los artistas y amigos que deben estar presentes, sin olvidar, cómo no, a "Patato y Totico no se vayan a quedar".

Dos años más tarde, Patato repitió con Maelo y grabaron, ahora con la orquesta Los Cachimbos, el disco Esto fue lo que trajo el barco, otra pieza importante del catalogo salsero en el que Maelo otorga a Patato el Titulo de Señor Tambor mientras vacila su soneo en el tema La gata montesa. Titulo Nobiliario teniendo en cuenta la nobleza del arte de los implicados.

El montuno de Patato

Durante los años ochenta, Patato trabajó poco y grabó menos, pero iniciados los noventa reapareció con todos los hierros en el disco King of latin Vibes, de Louie Ramírez, el cerebro oculto de Fania Records y, casi de inmediato, se unió a uno de los proyectos musicales más ambiciosos que se conozca: la grabación de tres discos con Mario Bauzá, el cerebro oculto de Machito y del cu-bop. El excelso sello alemán Messidor decidió rendir homenaje a la ingente obra musical de Bauzá y le ofreció todas las facilidades para que organizara su Afro-Cuban Jazz Orchestra y proceder a grabar una antología de su historia musical. Bauzá se puso manos a la obra y reclutó a cerca de veinticinco músicos entre cubanos, boricuas y gringos entre los que no podía faltar Carlos Patato Valdés. Ahí están esos tres discos, publicados entre 1992 y 1993, que podrían constituir todo el equipaje sonoro de cualquier melómano que se respete, con lo mejor de la música cubana, del jazz y la música en general.

Simultáneamente, el sello alemán decidió también publicar un disco que se venía gestando desde 1984 entre Patato y el pianista argentino Jorge Dalto quien falleció antes de terminar el proyecto. El disco se publicó en 1993 con el titulo de Patato, Master Piece y en él podríamos decir que se sintetiza todo el genio de Patato, un disco que viaja en primera clase por el tango, el jazz, la descarga, el guaguancó y el bolero de forma magistral y con una tripulación de lujo, lo mejorcito del solar y del barrio: Jorge Dalto, Artie Webb, Michel Camilo, Jerry y Andy González, Nicky Marrero, Ignacio Berroa, Joe Santiago, Néstor Sánchez, Vicentino Valdés, y Sabú Martínez, entre otros. Con este disco Patato podía haber firmado ya su testamento musical, pero todavía quedaba mucha tela por cortar, parches por tensar y rumba por gozar.

Entre 1993 y 2004 Patato grabó cerca de diez discos más. Entre estos cabe destacar los dos volúmenes titulados The conga kings, grabados junto a otros dos fuera de liga de la percusión afro latina, el cubano Candido Camero y el boricua Giovanni Hidalgo, dos piezas que disfrutan por igual los melómanos y los estudiantes de percusión. Otras dos grabaciones en esta misma línea, acompañado por los timbaleros cubanos Changuito y Orestes Vilató, son los volúmenes titulados Ritmo y candela, publicados en 1995 y 1997. Al primero de éstos pertenece el tema San Francisco tiene su propio son que, remezclado por Garry Hughes, logró colarse en las pistas de baile electrónicas.

En 2001 Patato obtiene compartido el Grammy por el disco El arte del sabor, grabado con Bebo Valdés, Paquito D'Rivera y Cachao, un disco decente, pero blando, sofisticado, pero sin el swing de otras producciones. También en 2001 participa en el proyecto Cuban Masters, Los Originales, un disco que pretendía competir con el éxito de Buena Vista Social Club, mostrando el tumbao de los músicos cubanos residentes en USA. El resultado sonó artificial y pasó sin pena ni gloria. Dos actos fallidos que en nada ensombrecen su honda huella, la de Patato, se entiende.  

A estas alturas del partido, al melodioso del tambor le llegó uno de los más significativos reconocimientos, la dedicatoria en el 2002 del festival de latin jazz más importante del mundo, el Puerto Rico Heineken Jazz Fest. Aquí se le rindieron todos los honores merecidos, desde los políticos e institucionales hasta los musicales pasando por los melómanos agradecidos y extasiados. Aquí estuvo Patato como siempre, risueño, jodedor, parlanchín, pero sobre todo musical, con todo su montuno a cuestas, exponiéndolo con generosidad, swing y saoco. Tal y como lo hizo durante toda su vida, tal y como lo hizo hasta quince días antes de morir. ¡Changó ta'veni!

 

Carlos "Patato" Valdés Discografía Esencial

 

  • Conjunto Kubavana - "Rumba En El Patio" - Tumbao. 1994
  • Conjunto Casino - "Rumba Quimbumba 1941-46" - Tumbao. 1993
  • Kenny Dorham - "Afro-Cuban" - Blue Note.1955
  • Art Blakey - "Orgy In Rhythm Volumenes 1 & 2" - Blue Note. 1957
  • Machito And His Afro-Cubans - "Kenya: Afro-Cuban Jazz" - Roulette-Capitol-Blue Note. 1957
  • Herbie Mann - "Standing Ovation At Newport" - Wounded Bird Records.1965
  • Carlos 'Patato' Valdes - "Patato Y Totico" - Verve. 1968
  • Carlos 'Patato' Valdes - "Ready For Freddy" - Latin Percusión. 1976
  • Patato & His Latin Percussion Friends - "Authority:" - Latin Percusión.1976
  • Israel "Cachao" Lopez - "Cachao Y Su Descarga" - Salsoul.1977
  • Luis "Perico" Ortiz - "My Own Image" - Latin Percusión.1978
  • Latin Percussion Jazz Ensemble - "Just Like Magic" - Latin Percusión. 1979
  • Tito Puente con Azuquita - "Ce' Magnifique" - Fania. 1981
  • Louie Ramirez - "King Of Latin Vibes" - Sugar. 1991
  • Carlos 'Patato' Valdes - "Masterpiece" - Messidor 1993
  • Hilton Ruiz - "Heroes" - Telarc. 1994
  • Patato, Changuito, Orestes - "Ritmo y candela" - Redwood Records. 1995
  • Alfredo Rodríguez - "Sonido Sólido" - Universal-TTH-Pimienta. 1995
  • Bebo Valdes - "Bebo Rides Again!" - Universal-Pimienta. 1995
  • Patato, Changuito, Orestes - "Ritmo y candela II" - Night & Day. 1997
  • The Conga Kings I - "Giovanni Hidalgo, Candido, Patato Valdés" - Chesky. 2000
  • The Conga Kings II - "Giovanni Hidalgo, Candido, Patato Valdés" - Chesky. 2001
  • Cuban Masters - "Los Originales" - Universal-Music Haus. 2001
  • Carlos 'Patato' Valdes - "El Hombre" - Mambo Maniacs. 2004

 

 

1. Esta es una versión ampliada del mismo artículo, publicado por la revista Salseros Nº 4. Barcelona, diciembre 2007.

2. Hay varias versiones acerca de la fecha de nacimiento de Patato, la más extendida afirma que fue el 4 de noviembre de 1926 y, seguramente, es la real, pero este cronista encontró en algún lado, quizás en su imaginación, que había sido el 4 de diciembre y le ha parecido poético darla por buena a los efectos de esta crónica, al fin y al cabo es un accidente menor en la historia que nos ocupa. Si no fue así, hubiera sido bonito que así fuera.

3. A propósito de cine, Patato debutó en 1956 en la película Y dios creó a la mujer, del director francés Roger Vadim, en la que un joven y simpático Patato le enseña a Briggitte Bardot los secretos del mambo, el chachachá y la rumba. Una escena memorable. Años más tarde, Valdés participó también el Los reyes del mambo (1992) y el documental sobre jazz latino Calle 54 (2000), del español Fernando Trueba.

Imágenes:

www.latincoolture.com

www.lacongahead.com

www.herencialatina.com